Érase una vez, un emprendedor…

Uno, dos y varios emprendedores más (y tanto que son más) que surgen cada día para aportar sus soluciones a un mercado lleno de impactos constantes de publicidad y de acciones nada racionales orientadas a la compra compulsiva.

Llegados a este punto te pregunto: ¿y tú?, ¿qué eres capaz de aportar?

La pregunta es sencilla, quiero que mires en tu interior y busques aquello en lo que destacas, en lo que tú ya sabes que eres mejor que muchos otros y aquello en lo que puedes ayudar a los demás.

¿Lo tienes?

Ya tienes una idea emprendedora.

Para mí las ideas emprendedoras nacen de las capacidades de las propias personas de reconocer aquello que hace mejor que los demás y que es capaz de usarlo para dar una solución a los que llamaremos clientes.

Sea la idea más innovadora o menos, el objetivo aquí es dar el mejor servicio. ¿Parece fácil verdad?

Esto no funciona con varita mágica, el éxito dependerá de tu insistencia y de tu capacidad de detectar oportunidades y amoldarte a ellas.

Por ejemplo:

Eres buenísimo como vendedor de aspiradoras y piensas: pues me monto mi negocio de venta de aspiradoras y listo. Si y no.

No digo que la idea no sea buena, que puede que lo sea, pero: ¿te has parado a analizar si tiene cabida en el mercado actual?. Esta es la primera pregunta de un desencadenante de ellas que empiezan a aparecer cuando tienes una primera idea «clara».

Busca consejo

Existen muchas fórmulas para encontrar el consejo ajeno:

  • Un amigo emprendedor – te podrá dar su punto de vista y conocerás el esfuerzo que hizo y que aún sigue haciendo para mantener su negocio en el mercado.
  • Una empresa del sector – visita una tienda o empresa que se dedique a lo que quieres hacer, de ese modo tendrás una referencia del día a día.
  • Consulta un experto – las empresas de marketing dedican todos sus esfuerzos en posicionar y mejorar la imagen de tu empresa.

Fin?

El emprendimiento no creo que tenga final, siempre tenemos que ser capaces de detectar nuevas oportunidades e ir a por ellas.

Por eso, para mí, un emprendedor, debe ser un «emprendedor esponja», que capte y se empape de todo lo que le rodea y sea capaz de utilizarlo en beneficio suyo y de su proyecto.

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